lunes, 19 de noviembre de 2012

¿Cuánto vale el marfil?

DE NUESTRO CORRESPONSAL EN KENIA

En una conferencia internacional celebrada en junio de 1997 en la ciudad de Harare (Zimbabue), los delegados de 138 países votaron que se relajara la prohibición mundial de comerciar con marfil, la cual llevaba siete años vigente.

La decisión, tomada tras enconados debates, permite a tres naciones de África austral —Botsuana, Namibia y Zimbabue— vender marfil, con ciertas reservas, a un país: Japón.

Los representantes de África austral rompieron a cantar jubilosos, en tanto que otros se preocupaban por las repercusiones que la decisión pudiera tener en el futuro del elefante africano.

CUANDO Aníbal desafió al ejército romano en el siglo III a.E.C., contaba con una recua de elefantes africanos domesticados. En aquel entonces, probablemente decenas de millones de elefantes africanos pululaban por el continente, desde el cabo de Buena Esperanza hasta El Cairo.

La situación cambió. Un observador dijo: “Las islas de seres humanos en un mar de elefantes se convirtieron en islas de elefantes cada vez más pequeñas en un mar de personas”. Con el crecimiento de la población humana, los elefantes perdieron la batalla por la tierra. Otro factor que incidió en su descenso fue la extensión hacia el sur del desierto del Sahara.

No obstante, un elemento que eclipsó a los anteriores fue la demanda de marfil. A diferencia del hueso de tigre y del cuerno de rinoceronte, al marfil no se le atribuyen supuestas virtudes medicinales; con todo, es un material suntuoso, bello, durable y fácil de tallar. El marfil de los colmillos de elefante figura desde antiguo entre los objetos valiosos y atractivos.

Cuatrocientos años después de Aníbal, el Imperio romano diezmó la población de elefantes de África septentrional para satisfacer la pasión por el marfil. Tal pasión aún pervive, sobre todo en el mundo occidental.

A principios de siglo se intensificó la demanda de marfil, no tanto para elaborar objetos artísticos y religiosos como en el pasado, sino para fabricar teclas de piano.

Según el libro Battle for the Elephants (La batalla en favor de los elefantes), tan solo en 1910 se usaron en Estados Unidos cerca de 700 toneladas de marfil (lo que representa el sacrificio de 13.000 elefantes) para elaborar 350.000 teclados.

Nota extraída de la revista ¡Despertad! del 22 de Marzo de 1998

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